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Cultura y Economía: itinerario de dos conceptos

El último número de Revista Observatorio Cultural del Departamento de Estudios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, incluye el artículo de Tomás Ariztía “Cultura y economía: itinerario de dos conceptos”. Comienza así:

“Conceptos como industrias creativas, industrias culturales o economía de la cultura se han vuelto recurrentes en la conversación sobre el campo cultural y las políticas culturales. Suelen ir  asociados a la idea que las actividades culturales pueden ser definidas como actividades  económicas y, por lo tanto, son factibles de un análisis de este tipo. Esta conexión cultura/economía no es tan evidente, sin embargo. O al menos no lo ha sido para buena parte de la sociología. Por ejemplo, el concepto de industrias culturales nace justamente para criticar la injerencia de la lógica económica en el ámbito de la cultura. Quienes primero hablaron de industria cultural (Adorno, Horkheimer y la Escuela de Frankfurt) lo hacían para denunciar los efectos de la expansión de la lógica comercial a la cultura. Más allá de las críticas que se puedan hacer a sus análisis —como en el caso de la Escuela de Frankfurt, su noción elitista de cultura— su interés en problematizar y examinar las conexiones entre economía y cultura es un desafío hoy más que vigente. Sobre todo en países como el nuestro en donde el lenguaje económico neoclásico es la doxa dominante por ya varias décadas”. Continue reading

Clase Abierta: Reflexiones para una sociología del marketing

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Marketing y sociedad

La presente reflexión surge a partir de la preparación del proyecto Fondecyt “Construyendo al consumidor de clase media. Un análisis de las prácticas de categorización social del marketing y la publicidad en Chile.

La sociología del marketing  comporta un doble interés. Por una parte,  tal como se ha venido discutiendo recientemente en la nueva (nueva) sociología económica, el marketing  es parte central en la formación de mercados,  la  producción de bienes económicos y la conexión entre bien y consumidor (Cochoy 1998, Callon, Meadel et al 2002, Cochoy 2007, Araujo 2007). Por otra parte,  el marketing  y disciplinas afines tienen consecuencias que escapan al análisis del ámbito económico: es también un espacio de producción social, un ámbito en el cual se crean y circulan  categorías sociales y culturales.

Con respecto a este segundo ámbito, la conexión entre marketing y “sociedad”, tradicionalmente se ha pensado en términos de atribuir al marketing un rol central en la producción y difusión de la cultura del consumo. Desde aquí, se le atribuye al marketing un rol central la producción de deseos (Galbraith 1960) y la extensión de una ideología del consumo favorable a la reproducción del capitalismo (Sklair 2002). Un argumento recurrente consiste en recalcar como la publicidad y el marketing ha ido extendiendo tanto su campo de operación como sus niveles de persuasión desarrollando una creciente cultura de la “promoción” (Wernick 1991). El problema de argumentos de este tipo, orientados a estudiar los “efectos” del marketing sobre la sociedad y la cultura, es que tienden a presuponer que cultura y economía son dos espacios opuestos. Dicho de otro modo, se parte de la premisa que marketing y sociedad, mercados y culturas, valor de cambio y valor de uso, no se mezclan (y que si se mezclan esto implica una desvalorización de la cultura y la sociedad a manos del mercado) (Slater 2010, draft en publicación).

Otra forma de pensar esta relación entre marketing y “sociedad” parte justamente de la premisa contraria: en virtud de su propia lógica, el marketing descansa no solo en la producción formaciones económicas (mercados, bienes),  sino también a la creación y difusión de categorías sociales y culturales (valores, representaciones, discursos,  colectividades).  Desde aquí, la producción de  bienes y mercados (lo económico) y  la creación de categorías sociales y culturales (lo social) se definen mutuamente. El marketing aparece como una actividad que es cultural y económica a la vez, en donde se producen mercados  y bienes pero al  mismo tiempo de desarrollan categorías sociales y culturales.   Se parte por tanto de la premisa que cultura y economía no son aspectos fácilmente diferenciables. Esta doble militancia del marketing ha sido abordada por distintos autores. El concepto de “cálculos culturales” (Slater 2002) acuñado por Slater, apunta por ejemplo a explicar la  forma en que el marketing descansa en la instrumentalización de descripciones sociológicas sobre consumidores y su mundo los cuales son a su vez centrales en la definición de bienes y mercados . Por su parte, la socióloga Michelle Lamont ha estudiado como los expertos en marketing trabajan desarrollando categorizaciones  de grupos étnicos, las cuales a su vez son un recurso  relevante en  la formación de estos grupos y sus identidades sociales (Lamont and Molnár 2001). Finalmente, la sociología de la captación de públicos  propuesta por Cochoy  (2007) apunta también al análisis de la conexión entre mercados y lo social. Según el autor, los dispositivos de captación propios del marketing, captan consumidores en base al  uso estratégico de las  “disposiciones” (sociales, culturales) de éstos.

Todos estos distintos conceptos  convergen en entender el marketing como una práctica en la cual  las fronteras entre  la producción de formaciones sociales y formaciones económicas es difusa. Ambas “producciones” estarían implicadas mutuamente en la operación del marketing.  No obstante esta relación, se observa que la literatura aun mantiene una relativa separación de aguas entre aquellos que estudian el rol del marketing en términos de la producción de mercados (esto es, en el marco de una sociología de los mercados) y aquellos que se centran en la relación entre marketing y la producción de categorías sociales y  culturales (esto es, en el marco de una crítica cultural o sociología cultural).

Asumiendo la creciente centralidad de esta actividad, es hoy más necesario que nunca estudiar de qué forma las distintas prácticas, dispositivos y discursos del marketing son centrales, no solo  en la producción de  formaciones económicas (bienes, mercados, ventas, etc.),  sino también de otras formaciones sociales (clases, fronteras simbólicas, discursos y valores, etc.).  En términos de una potencial agenda de investigación, surgen desde aquí numerosos ámbitos de indagación. Por nombrar algunos: las  estrategias de segmentación y clasificación de consumidores;  los mecanismos de evaluación y cualificación de grupos y su relación con distintos bienes o industrias; la definición y circulación de descripciones generales sobre la “sociedad” (ver por ejemplo los congresos de ICARE y su relación con los medios y líderes de opinión) o la investigación de mercado y las distintas formas de visualización de consumidores. Todas estas prácticas no solo tienen una  directa implicancia en términos de la producción de mercados y bienes de las cuales participa el marketing, sino también un rol central en la producción de formaciones sociales y culturales.

Tomás Ariztía